Posterous theme by Cory Watilo
Palabreros

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Enigmas.

Son bellos. La revolución cubana los ha hecho bellos. Estoy segura de que eso nunca se contabiliza en los triunfos de la revolución, quizá porque allá dentro ni siquiera lo han notado. Y no sé si los extranjeros nos hemos dado cuenta de ello, pero para mi resulta clarísimo. Si son altos debe ser porque han estado bien alimentados, ellos y sus padres. Son estirados y con hermosa musculatura porque el país de latinoamerica con más medallas olímpicas no las obtuvo poniendo a sus niños a jugar nintendo. Y son una mezcla de todos los posibles. En un lugar donde casi no es tema de que color eres y con quien te casas, los hijos son morenos con enormes ojos claros o las niñas son rubias y tienen unas maravillosas cabelleras con afros naturales y espaldas estrechas y caderas amplias. Y los tonos de piel son infinitos. Y, en fin, son bellos y arrogantes y usan ropas breves porque siempre hace calor. Quizá todas las explicaciones se me ocurren desde mi punto de vista romántico... qué le voy a hacer si no tengo otro lugar desde donde mirar.


Esos jóvenes bellos y arrogantes están en una carretera desierta, con unos autos franceses o alemanes, jugando a los arrancones. Son las cuatro de la madrugada y ahí están, vestidos provocativamente, con los faros de los autos apagados, mirando como un par de conductores desafían al viento y a la decencia y a todos los sentidos comunes, alejándose a más de 200 kilometros por hora.


Arrancones. En la madrugada de un día laboral. Hace dos semanas, un médico está varado en la Habana sin poder salir a provincias porque no hay gasolina para los vehículos.


Mi mirada atónita de turista rumbo al aeropuerto, de regreso a casa, se queda pescada de la escena mientras nos alejamos en el taxi. En medio de gran estruendo nos rebasa otro par de hijos del viento y de la revolución.

21 gr. de Viento

Dicen que el alma pesa 21 gr. ¿21 gr. de viento, de emociones atesoradas, de sensaciones, nombres, rostros de lo que más se ama, de lo que nunca se dijo, de silencios confiados que respetaron un tiempo o guardaron nostalgias, o de risas compartidas que sólo nos miraban?  R: 21 gr. de tí.

Hay un viento para todo

La_mar

 

(Gracias Boticapop, que me recordaste el otro día esta sabiduría)

Hay un viento para tirar y lo hay para levantar;
llega el viento para soplar y el viento que sostiene.
Hay viento refrescante y viento que congela;
viento que arde y el que tiembla.

No falta el viento para volar
como no sobra el viento para abrazar.
Amo el viento que huele
y jamás desprecio el que limpia.

¿Acaso no recuerdas el viento que habla?
¿Y qué ha sido del viento que arrebata cada palabra?

Me emociono con el que cose las nubes en preciosos diseños
que luego desgarra, develando su futilidad.
El viento es mi hermano, mi amante,
mi cómplice, mi mensajero.

Es el silencio del mar y de la montaña,
quien transporta cada uno de mis gritos ahogados.

Vientos del pasado

La noche ha sido fría y húmeda, aunque no ha llovido. Apenas está clareando y el maestro se levanta. La caminata será larga. La neblina es densa cuando inicia el ascenso de salida de la pequeña comunidad donde imparte clases. Catorce minutos después el joven está sentado en una cumbre, por arriba de las nubes. Éstas forman un mar blanco apenas unos metros abajo. Hacia arriba un cielo azul, transparente y luminoso hace que el maestro se sienta, se sienta ¿podrá decirse dios? El sol al frente, saliendo del mar de nubes, completa el cuadro que sorprende al joven. Un ligero vientecillo agita su melena setentera y hipiosa.

El viento no llega solo. Lo acompaña un recuerdo de hace tres años. Aquella noche fue mucho más fría que la de ayer. Al amanecer la humedad se había congelado y el aire estaba absolutamente limpio. Ese 29 de diciembre el maestro había ascendido el cerro de Patamban. El alba lo encontró despierto tras una noche de mal dormir a causa de las bajísimas temperaturas. Entonces subió los cuatro o cinco metros que conducían a la cumbre. Lo que contempló le quitó frío, cansancio y cualquier sensación o sentimiento remotamente negativo. Se sintió en la cúspide del mundo. Todo lo que se veía estaba más abajo de su horizonte. “Todo eso te estoy dando”, dijo el viento. Y la presencia-ausencia de la mujer que fue su primer amor convirtió ese día en el mejor amanecer de su vida. El mejor hasta antes de el de hoy, al que solo le falta la presencia-ausencia de una mujer amada. “El mejor de tus años juveniles” dijo el viento y se alejó sonriente.