Posterous theme by Cory Watilo
Palabreros

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Un día especial

En la mesa hay un festín para la vista: un pastel color café, adornado con festones de un café más oscuro y orlas blancas de crema espumosa. Coronan la superficie delgadas lascas también de color café pero de tonalidad diversa al que envuelve el pastel. Esa exquisita obra artesanal tiene el aroma del espeso chocolate con que mi abuela disolvía los enojos del abuelo ante nuestras tropelías, cuando de pequeños los visitábamos en su vieja casona de altos techos y paredes gruesas. La marca del dedazo del niño que no resistió la tentación de probar el betún me empuja a repetir el experimento, pero hay quien me observa y me da vergüenza que los adultos se comporten como niños.
De pronto oigo pasos a mi espalda y me llega el olor de café recién preparado. Recuerdo cuando me sentaba en el jardín con mis padres, después de la comida, en aquellas largas conversaciones de adultos, saboreando el café espeso y caliente, al que mi padre acompañaba en días como hoy con una copa de buen coñac. Los recuerdos hacen que mi boca exija el sabor amargo y neutro del café cuyo aroma invade todo el salón. Sólo deseo ante mí una rebanada de ese pastel que está en el centro de la mesa, acompañada por el café que mi madre acaba de traer y después, una buena cucharada del helado de pistache que aporté al festejo.
¿Por qué solamente deseo eso y no el resto de la comida que mis hermanas preparan en la cocina? ¡Seguramente es a causa de mi embarazo!

Antojos puertorriqueños, un texto liviano de altas calorías

G-alcapurrias
Cuando un expatriado va de viaje a la patria, se puede pensar que éste tendrá muchos antojos. Desea muchas cosas, pero yo, lo más que extraño es la comida. Está bien, también las amistades, la familia, los flamboyanes, la playa, pero sobre todo... LA COMIDA. Es que hay algunas cositas que sólo se consiguen en el país de uno o que nadie las hace como las hacen en su país. Creo que si aún viviera en Puerto Rico, en vez de ser un jamón con un ojo y una copa de vino, sería un bufé ilimitado con muchos ojos, ron, cerveza, maví y vinos de un restaurante chino. En el texto de hoy no hay poesía sino que comparto un pedacito real de mi vida: mis antojos puertorriqueños. Hoy la M de M Patria corresponde a "Munchies" (Se lee monchis), que es como le decimos a los antojos culinarios algunos boricuas, mañana llámenme lo que sea. Si tienen hambre, este es el momento de parar, coma y después vuelva a consultar el texto. Si eres amante de los dulces y las frituras, te disfrutarás esta lista. Y aquí va mi lista de antojitos puertorriqueños, espero degustarlos todos antes de abandonar la patria de nuevo:

1. Mofongo - Es un plátano verde majado con chicharrones, se come con caldo de pollo y carne frita. Se consigue en Estados Unidos, pero ninguno como el que hacen en casa.                                                                                         

2. Amarillos - Llamados maduros en los supuestos restaurantes puertorriqueños (lo cuál hace mucha lógica pues los plátanos verdes fritos también son color amarillo).                                                                                                           

3. Pasteles de yuca - No son tortas, consiste de una masa de yuca hervida condimentada y rellena de carne.               

4. Lechón Asao' - Cerdo asado en una vara.                                                                                                                      

5. Chicharrones - Se venden en carritos, es cuero de cerdo, se vende junto a un pan blando, parecen hojuelas gigantes de maíz.              
                                                                                                                                                        

6. Media noche - Un emparedado con pan dulce, tres tipos de jamón, queso, mayonesa, pepinillos y mostaza. Sólo lo he conseguido en PR y es posible que la receta original (el Cubano, que es con pan blanco) sea de Cuba.                                                                                                                                                                                  

7. Pan de agua - Es parecido al pan italiano, pero es más ancho y por la mañana lo venden calientito en la panaderías. Duro por fuera y blando por dentro.                                                                                                                                     

8. Pan sobao - Es del ancho del pan de agua pero no tan largo, lo hacen con más azúcar, por lo que es más dulce. También es más blando.


Frituras (llevan una sección especial, son bien ricas, las mejores se consiguen en varios lugares de la costa, me gusta ir a uno llamado Piñones):

1. Alcapurrías de jueyes - Fuera de PR se consiguen de carne pero las de jueyes son riquísimas. Es una masa rellena de... pues depende en este caso jueyes (cangrejos).

2. Sorullitos de maíz - Una masa hecha con harina de maíz con queso por dentro.

3. Pastelillos de Chapín- El chapín es un pez que se pesca en las costas de Puerto Rico.

4. Bacalaítos - En la calle cerca de un residencial público llamado Luis Lloréns Torres, hay una señora que hace estas frituras con la masa que se usa pero tiene bacalaos en agua y les hecha un pedazo de bacalao de verdad a la masa cuando los fríe.

Dulces, frutas y bebidas:

1. Mil hojas - Un dulce hecho con muchas capas (hojas) de masa como la de pastelillo que tienen dulce de leche y almendras.

2. Quesito - Una masa de pastelillo relleno son un queso que es como de crema.

3. Pasta de guayaba con queso de hoja - El queso de hoja puertorriqueño sólo se consigue en PR.

4. Preparaditos - Pastelillos de carne que les añaden jamón y queso.

5. Quenepas - La única fruta que se me antoja.

6 Café - Término (mitad leche, mitad azúcar). En un pocillo (un vaso bien pequeño, los americanos parece que no conocen de moderación)

7. Maví - Es una bebida fermentada, con un nivel bien bajo de alcohol, que se vende en la calle.

8. Guarapo de caña - El producto del jugo, cuando aplastan la caña.

9. Ron cañita - Bebida alcohólica de preparación casera que solo se vende clandestinamente porque tiene un nivel muy alto de alcohol. Esta la quería compartir pero no creo que la beba. También se hace otra llamada pitorro (con frutas) y el bilí (con quenepas)

Hay mucho más pero éstas son las delicias que se me antojan. Buen provecho y por cierto no se pierdan los XXI Juegos Centroamericanos y del Caribe en Mayagüez, Puerto Rico.

Sensaciones/sentimientos

Hoy se me ha antojado recordar las sensaciones/sentimientos que me alegraban de chico. Revivo lo que sentía aquellas tardes de domingo, escuchando en el radio del viejo carro de mi padre, un Ford modelo 1940, las canciones de Cri-cri y los cuentos que las precedían. No sé si me gustaban más éstos o aquéllas.

Mientras oíamos el programa ya me relamía ante el gusto anticipado de los helados que papá compraba a cada miembro de la familia, sin faltar el suyo, en una nevería ubicada en la esquina de las calles de Cádiz e Isabel la Católica, colonia Álamos del Distrito Federal. Luego caminábamos por el parque que aún se encuentra entre la ya mencionada Isabel la Católica y Simón Bolívar, una impulsora de la colonización y el otro que contribuyó muchísimo a su fin en esta América nuestra. El placer que evoco es enorme, tanto que no recuerdo cómo acababan esos atardeceres dominicales. Sólo me llegan las oleadas del gusto que tuve al vivirlos, desde el fondo de un pasado remoto.

Ya subido al camión de los antojos renuevo los sentimientos/sensaciones de aquellas noches de absoluta tranquilidad externa y total locura individual, de las que tuve muchas cuando vivía en un nudo de sierras y hondonadas. Ahí se encuentra un pequeño poblado al que no he vuelto muchos años. Las noches de entonces eran quietas, lloviera o lucieran las estrellas. Lo más que se escuchaba era un mugido ocasional de alguna vaca que pastara mansa. A las nueve de la noche la única luz artificial surgía de la ventana del aula solitaria de la escuela del lugar. La llama de un quinqué alumbraba las cartas que noche tras noche escribía al amor que me tenía enloquecido. Escrita la carta procedía a elaborar un sobre, cada día diferente, y guardaba las cartas en paquetes semanales. En aquel pueblo, oculto en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, no había correo. El domingo tenía que caminar hora y media a buen paso, en subidas y bajadas abruptas, para llegar a la población que sí tenía encargado de correo, y mandar las siete cartas a la mujer de la que nunca supe su opinión sobre lo escrito. Si bien ignoro todo acerca del destino de las cartas, la paz y alegría que me daba escribirlas aletean aun bajo mis sentimientos actuales.

También se me antoja revivir lo que sentía aquellas madrugadas, en Monterrey, cuando abordaba el tren a Piedras Negras para luego caminar por el desierto neoleonés buscando ejidos desperdigados habitados por campesinos con esperanzas mayores que el páramo que los rodeaba.

Lo curioso es que entre tanto antojo no añore esos sentimientos. O no los añore mucho. Porque ahora aquellas sensaciones son todavía la base de mis sueños.