Posterous theme by Cory Watilo
Palabreros

Filed under: Serendipia/ Serendipity

¿Cómo sucede una serendipia? Mis teorías.

Estudiar la suerte es bastante complejo y parece que hay personas que son más magnéticas para conseguirlas. 

Tal parece que la serendipia le sonríe a la gente que tiene un acercamiento más relajado ante la vida. 
Básicamente quien tiene sus metas a largo plazo claras y no se preocupa demasiado por los detalles es quien encuentra oportunidades en los lugares más inesperados. Me parece que mientras menos prejuicios ante situaciones y personas acepten mantener vigentes en la mente, más factible es recibir un golpe. De suerte. ¿Será porque estamos en un estatus más flexible?

Pero sí, qué difícil puede parecer hacer flexible nuestra conducta. Somos animales de costumbres, los seres humanos. Y la ansiedad nos provoca túneles de visión que borran información que, de estar de buen humor, seguramente no pasaríamos por alto. 

Me preocupa hacerme vieja -en el alma- y adquirir psicoesclerosis: esa enfermedad no reconocida por los seguros de gastos médicos que provoca el estancamiento y la necedad. Y la batalla no la tengo que librar primariamente con el mundo externo, sino con mi telenovela mental que dice "No debería estar haciendo esto". Y, en algún punto, sé que cuando le pongo un alto a los "no, porque..." y me permito seguir también mis corazonadas -eso que llaman intuición- sabiendo que tampoco me voy a sentir cien por ciento segura, pasan situaciones inesperadas que me obligan a replantearme mis certezas y hacer limpieza mental de éstas. Tan buenas como tú leyendo este texto.

Sí, hippie como suena, mis teorías sobre cómo sucede una chiripa se resumen en:

- Aferrarse a algo o a alguien sólo conlleva a felicidad con fecha de caducidad.
- Abrirse a lo inesperado no siempre es un golpe de suerte. Pero sí clarifica qué es realmente lo que se quiere en la vida porque eso es lo que se va manifestando.
- Agradecer cada día por lo acontecido y las lecciones que se aprendieron. De todo y de todos se puede aprender.
- Pruebo algo nuevo cada día, o cada semana. Lo demás ya está estable ¿por qué no hacer pequeños cambios en la cotidianidad? Cambio de ruta, cambio de supermercado, cambio de curso...
- La flexibilidad se puede cultivar: si tengo una idea fija, pruebo a encontrar diez razones por la que lo contrario podría ser buena idea. No me tengo  que convencer pero, en una de esas...
- Confianza en que todo pasa por algo perfectamente perfecto, aunque venga envuelto de lo que menos quisiera tener cerca
- Si algo me da inseguridad, miedo o sé que me costará esfuerzo extra, digo que sí. Al menos una vez al año.
- Acepto el fracaso. La resilencia es, también, un arte que sé que debo cultivar
- Sólo me compro un pensamiento cuando estoy triste: en cualquier esquina puede estar esperándome una fila de serendipias. O un bote de helado. Ü

De cómo un día cualquiera nace la vida que tengo ahora.

Me voy a poner anecdótica.

A los 24 años estaba en la facultad y me aterraba la vida profesional. Qué sería de mi cuando terminara la carrera era algo en lo que pensaba con mucha frecuencia. Luego tiraba el pensamiento debajo de la cama y procuraba olvidarlo, como a los monstruos que habitan ahí mismo. Hasta que oscurecía y el monstruo volvía a asomarse.

Un día, una amiga me invitó a participar en una obra de teatro. El proceso fue larguísimo y al final la obra apestaba pero lo viví hasta el final.

A la mitad de ese asunto con la obra de teatro, poco antes del estreno, me inscribí a un taller con un director de escena. Después de ese taller, el director invitó a algunos de nosotros a otro taller, con la intención de realizar un montaje que presentaríamos durante una semana. Todo era muy prometedor, excepto porque yo no podía dar función un día de esa semana porque tenía que estar en otro lado dando función de la obra que apestaba.

Así que fui con el director y le expliqué. Me dijo que entonces no tenía caso que tomara el taller, porque evidentemente no iba a tener un suplente para una sola función, porque no iba a cancelar una función sólo por mi ausencia y porque en fin la cuestión estaba clara y mi incompatibilidad de tiempos era un impedimento. Con todo y eso, yo lo molesté y lo molesté porque en verdad quería trabajar con él. Al final se le ocurrió una solución: porqué no tomaba el taller pero no como actriz, sino como su asistente de dirección.

Eso fue lo que hicimos y así nació una de las relaciones más afortunadas de mi vida. Difícil por momentos, no exenta de peleas y discrepancias pero larga y fructífera. Después del mencionado taller, fui su asistente de dirección durante cinco años y eso implicó mucho trabajo incluso antes de terminar la carrera y la mejor primer experiencia profesional que pude haber tenido.  Hacia el final de nuestra historia juntos, un día bebiendo vino y viendo las estrellas en una playa solitaria, le dije "no estoy segura de que, de haber visto mi trabajo como actriz, hubieses estado interesado en mi". Asintió en silencio.

Cuadro

Arlequin-patria
Sumergido en un osado viaje,
nadando  por cajas polvorientas,
estornudando encima de mil historias
encuentro un cuadro por  serendipia...

Cuadro que me recuerda quien soy...
 y quien tu eres.

 

Yo:
 Presto para salir a escena
visto mi traje unitardo.
Me concentro...
Me preparo para ofrecerme
ante el concierto de gentes,
ante la orquesta de ojos
que me mirará.

 

Tu:
 Recreas tu arte en mí,
me pintas de blanco,
 trazas tus lineas.
Inspirada me observas...
En este momento yo soy el lienzo
en el que expresas tu arte.

Tu eres la artista de este ritual.
Yo soy el cuadro.

Unidos por la serendipia
en el juego del arte.
Un juego de amor
en el que creamos juntos
y en el que deseo
volver a recrear juntos.

Alejándonos un poco de la realidad,
 acercándonos un poco a Dios.

Serendipity

Cuando yo era pequeño, a mediados de la década de los noventa, mucho antes de que me hiciera los tatuajes que ahora porto con orgullo, mi madre nos regaló a los tres hermanos una serie de cuentos para niños, muy bonitos, muy iluminados y con unos personajes que volaban, si mal no recuerdo. La colección se llamaba “Cuentos de Serendipity” o algo así. Desde luego no nos regaló toda la colección. La primera vez nos habrá comprado dos o tres cuentitos, en un formato pequeño, diez por ocho centímetros tal vez, y una pocas páginas, con muchos colores y pocas letras, pero que contaban cuentos que me gustaban mucho, aunque yo no podía leerlos. Era mi hermana mayor la que me los leía, pues ya estaba en segundo o tercero de primaria y desde entonces era una devora-libros.

Como mi hermana leía y luego contaba lo leído con gran alegría, y los otros dos hermanos la escuchábamos con gran atención y al menos yo le pedía que me releyera los cuentos y le preguntaba qué hacían o qué eran o quiénes eran las personas que aparecían en los dibujos, mi mamá compraba cada vez que le sobraba algo de dinero alguno que otro cuento más de la misma colección.

Dice mi papá que varias veces le pregunté qué quería decir “Serendipity” y asegura que nunca supo qué contestarme. Ahora yo no recuerdo más detalles, pero durante mucho tiempo le di a la palabra, en mi mente, un significado asociado a lo mágico, a lo maravilloso, a lo alegre, a lo colorido y también supuse que Serendipity era el nombre de la niña que contaba los cuentos que mi hermana leía. Me encantaría encontrar nuevamente los libritos de la colección, pero ahora que estoy a punto de terminar una carrera universitaria y que ya sé de editoriales y fichas bibliográficas descubro que jamás, de pequeño, me fijé en la editorial que sacó la colección (bueno, nunca he sido un genio). En estos momento no tengo la menor idea de por donde empezar la búsqueda.

Un buen día, al investigar en internet algún tema complicado de la carrera universitaria que no se deja alcanzar por más que corra tras ella –en lugar de estudiar escribo tonterías–, tropecé de chiripa con la palabra Serendipia. Busqué su significado y me encontré lo que nunca había imaginado: una explicación muy similar a la que tiene la liga que nos da Cometa. En la documentación que entonces leí no se mencionaba la palabra chiripa y fue hasta hoy, hace unas pocas horas, que Wikipedia me dio los sinónimos: serendipia = chiripa. Por cierto, el corrector del Word de Microsoft Office que utilizo para escribir esto me marca como error la palabra serendipia –no la tiene en su diccionario– y no marca errónea chiripa ¡Qué poco culto es el diccionario del Word!

Con relación a la palabra chiripa he de decir que acá es muy usada, desde que de pequeño juega uno a las canicas y le pega a otra de chiripa. Más tarde mete uno goles de chiripa y con mucha frecuencia pasa uno los exámenes también de chiripa. Ya de viejo, cuando una pareja cercana a los cincuenta años o más tienen un hijo diez o doce años después del que se creía el último, los maldosos como yo le decimos al niño “Chiripazo”.

Como último –o penúltimo– comentario “cultural” –ja, ja, ¿qué me pasa? – diré que la palabra “chiripa” no tiene nada que ver con la palabra “chiripiorca”, que probablemente algunos conozcan si han visto en la tele al “Chavo del Ocho”.

Y ahora lo último por hoy: en este escrito sí somos el mismo tanto el autor como también el narrador –aunque creo que la frase no la he podido construir bien–.

¡Hasta pronto!