Cuando tenía cinco años y estudiaba en la escuela, me enseñaron que el ser humano tenía cinco sentidos, el gusto con el cual saboreábamos la comida; la vista el cual usábamos para observar todo a nuestro alrededor; el olfato para distinguir lo olores; la audición a través del cual nos relacionábamos con los sonidos y el tacto que nos servía para sentir lo que tocábamos. Aunque siempre se presentaban situaciones extrañas ante mí, que mi capacidad cognitiva no podía entender.
Una vez estando en mi casa un día domingo, observaba un delicado canario llamado Wilfrido, tenía su nombre en honor a un cantante muy famoso. A Wilfrido lo tenían en su jaula en el patio de la casa, colgado de un árbol de mamon. Mi madre siempre correcta a la hora de las comidas, me llama para lavarme las manos e ir a almorzar, motivo por el cual dejo a Wilfredo y voy al baño, mientras me enjabono las manos y enjuago veo que el agua es de color roja y mis manos están bañadas en un liquido parecido a la tempera que se usaba en la escuela, asustada, corro hacia donde esta mi canario y lo encuentro muerto bañado en sangre. Por mi edad no entendí lo que pasaba pero eso marco mi forma de ver las cosas.
A medida que los años fueron transcurriendo y llegue a los once, me entere que además estaban el sentido del tiempo y del espacio, que eran basados en leyes de física y que eran comprobables, esas informaciones me impresionaron ya que en esa época de mi pubertad ya comenzaba mi viaje a través del maravilloso universo y sus misterios. Me sumerjo en materiales tan complejos como la física cuántica pero como había cosas que no entendía, al tiempo lo dejo.
En plena adolescencia experimento de forma intensa lo que se conoce como sentido extrasensorial y comienzo a relacionarme con ese tipo de material para despejar las dudas constantes que me atormentaban. Sentía que yo era un ser extraño, con una maldición que no podía controlar, la clarividencia. Se abrió frente a mí un portal a través del cual, cualquier cantidad de sucesos comenzaron a perseguirme, empecé por soñar hechos que acontecían con todos los detalles que yo veía noche a noche, al irme a dormir. Desastres, deslaves, terremotos, muertes, accidentes, etc. Además de espíritus que me despertaban a intrincadas horas de la madrugada solo para lograr perturbarme y jugar a esos extraños casos chocarreros.
Al llegar a los 20 era especialista en eventos paranormales, desdoblamientos ectoplasmicos, donde había personas mientras dormían viajaban a lugares extraños y que nunca habían visitado de forma física, conocía sobre los espíritus y los diversos motivos que los llevaban a quedarse en este mundo y no cruzar hacia la luz.Apego hacia familiares, objetos, situaciones no resueltas, etc.
De repente todo dio un salto cuántico, y aquellos sentidos que pensaba estaban dormidos y que nunca llegarían, despertaron. Uno de los dos sentidos que solo el hombre posee, apareció frente a mí una noche mientras dormía, el sentido del amor.
A Carlos lo conocí de la forma más absurda posible, por internet y desde la primera vez vibro algo, una sensación que casi podia paladear, había una conexión que nada tenía de virtual, quizá lo entendi rapido porque estaba acostumbrada a las vueltas del destino y sus enmarañadas estrategias para unir o desunir a dos personas.
Comenzamos a tener conversaciones nocturnas donde nos contábamos las experiencias del día y nuestros sueños o metas para el futuro, nuestros gustos en materias tan banales como música, comida, películas. Y yo día a día confirmaba esa información que él me proporcionaba y que al despertar no recordaba. Sentía que tenía el ventaja perfecta en el amor. Siempre crei que lo conocía desde antes. Entonces mi vida comenzó a girar en torno a las almas gemelas y las reencarnaciones. Pase de leer revistas paranormales a leer materiales budistas, hinduistas, metafísicos. Tenía en ese entonces 23 años.
Desde ese momento todo ha ido a una velocidad impresionante, con cambios tan radicales que mis sentidos han llegado al más importante de todos, aunque ustedes más adelante, llegaran a sus propias conclusiones….
Continuara....
Evelyn Catari.