Posterous theme by Cory Watilo
Palabreros

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Charla con un amigo enamorado

Envidio a tu amada, por como la arropas entre la espuma. Con tus manos blancas acaricias su tosca piel que, cubierta con el musgo de tantos anios, se desnuda a tu disposicion. Degustas con tu cuerpo transparente sus rincones sedimentados. Ella se abandona a tu lengua, a tus u~as, y a tu tiempo. Tiembla con cada palabra que le ruges al oido.
En tu azul te retraes cuando sientes coraje, pero siempre vuelves y ahi la encuentras; donde mismo la dejaste, aunque un poco mas desgastada por el tiempo y la sal. Entonces en sus espacios te aprisionas, como castigando tus tantas subitas partidas, mas de vez en cuando asomas tu aroma liquido en un fluido vaiven de apasionada ira. Y una vez mas, con furia te halas hacia ti mismo. Pero es obvio que extra~as sus arrugas y sus curvas, y al volver embistes su cuerpo violentamente, como solo el mar enamorado puede. De nuevo te pierdes en los mil colores de su piel, en sus verdes cabellos y en los huecos que dejaron tus desamores. Sera el viento quien te obliga a partir? Te deslizas sobre ella, y acaricias su tez irregular. Resbalando en sus mejillas vas y vienes sin parar. Y ella, fiel, te extra~a y te recibe una y otra vez. Es mujer, y tambien esta enamorada. Se ha clavado en su morada y en eterna inercia te libera y te espera hasta que te la hayas comido. Ella desaparecera en ti. La humanidad la olvidara, y tu te haras cada vez mas grande. Es la paciencia de vuestro idilio la base de la tierra entera. Es un amor imposible y tempestuoso, mas mientras gire el mundo permaneceran atados en vuestro erotico baile; en un dulce beso.

El cepillo y la toalla

Detrás de la triste puerta un cepillo de dientes y una toalla se miran con recelo.  Ella se ríe de lo seco que él está; se burla de su falta de cariño.  El piensa que ella no es más que una puta refugiada en su humedad, que hoy viene de uno y mañana de otro.  Cuando la colgaron ahí él ya estaba ajado, afligido,  y solo.  Extrañaba habitar aquella deliciosa boca que cada mañana y cada noche lo besaba.  Algunas tardes observaba a la toalla.  Envidiaba como la sacudían, y apretándola dulcemente le daban el privilegio de acariciar esa piel a veces mimada por el sol.  La paseaban por encima de unas pecas que contaban que el mar había sido amante de esa tez.  Luego, peinaba los escasos cabellos que apenas salpicados se dejaban abrazar.  Tocaba una mejilla, las cejas, se alojaba por unos segundos en los ojos de aquel…aquel que le hacía cosquillas. 

Y así pasaban los días, encerrados en el cuarto de baño, entretenidos con repasos furtivos y descifrando la incógnita de cuál sería el elegido.  Una boca o un cuerpo entero.  Que esa boca estuvo poco y solo dejo un recuerdo, y ese cuerpo viene, clandestino pero fiel, a esconderse bajo el agua que riega su barba casi todas las lunas.   

Ahora toca escoger quien se queda y quien se va.  El cepillo se espanta ante el pensamiento de verse botado en el cesto, esperando su fin inminente en un vertedero.  Con el partirá la idea del marino que se ha ido y no sabe cuando volverá.  Mientras tanto, la toalla altanera y casi victoriosa suelta carcajadas tan macabras como lo que hay detrás de su existencia en ese gancho.  Pero aun no llego a una decisión, por que yo los quiero, diferente, a los dos.