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Borges, queridos.
AMOROSA ANTICIPACIÓN
Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como mirar tu sueño implacable
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
me darás esa orilla de ti misma que tu misma no tienes.
Arrojado a quietud,
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera, quizá
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
Sin el amor, sin mi.
Jorge Luis Borges
Táctica y estrategia
Este poema me conquistó hace muchos años. Lo escuché en la voz misma del autor y me pareció glorioso, humano y totalmente honesto. Probablemente no me resista a postear otro de su autoría que también me encanta, pero sirva este de entremés.
Un poema que entendí (y me gustó mucho)
Andando en un camino
encontré al aire,
lo saludé y le dije
con respeto:
“Me alegro
de que por una vez
dejes tu transparencia,
así hablaremos”.
Él incansable,
bailó, movió las hojas,
sacudió con su risa
el polvo de mis suelas,
y levantando toda
su azul arboladura,
su esqueleto de vidrio,
sus párpados de brisa,
inmóvil como un mástil
se mantuvo escuchándome.
Yo le besé su capa
de rey del cielo,
me envolví en su bandera
de seda celestial
y le dije:
monarca o camarada,
hilo, corola o ave,
no sé quien eres, pero
una cosa te pido,
no te vendas.
El agua se vendió
y de las cañerías
en el desierto
he visto terminarse
las gotas
y el mundo pobre, el pueblo
caminar con su sed
tambaleando en la arena.
Vi la luz de la noche
racionada,
la gran luz en la casa
de los ricos.
Todo es aurora en los
nuevos jardines suspendidos,
todo es oscuridad
en la terrible
sombra del callejón.
De allí la noche,
madre madrastra,
sale
con un puñal en medio
de sus ojos de búho,
y un grito, un crimen,
se levantan y apagan
tragados por la sombra.
No, aire,
no te vendas,
que no te canalicen,
que no te entuben,
que no te encajen
ni te compriman,
que no te hagan tabletas,
que no te metan en una botella,
¡cuidado!,
llámame
cuando me necesites,
yo soy el poeta hijo
de pobres, padre, tío,
primo, hermano carnal
y concuñado
de los pobres, de todos,
de mi patria y de las otras,
de los pobres que viven junto al río,
y de los que en la altura
de la vertical cordillera
pican piedra,
clavan tablas,
cosen ropa,
cortan leña,
muelen tierra,
y por eso
yo quiero que respiren,
tú eres lo único que tienen,
por eso eres
transparente,
para que vean
lo que vendrá mañana,
por eso existes,
aire,
déjate respirar,
no te encadenes,
no te fíes de nadie
que venga en automóvil
a examinarte,
déjalos,
ríete de ellos,
vuélales el sombrero,
no aceptes
sus proposiciones,
vamos juntos
bailando por el mundo,
derribando las flores
del manzano,
entrando en las ventanas,
silbando juntos,
silbando
melodías
de ayer y de mañana,
ya vendrá un día
en que libertaremos
la luz y el agua,
la tierra, el hombre,
y todo para todos
será, como tú eres.
Por eso, ahora,
¡cuidado!
y ven conmigo,
nos queda mucho
que bailar y cantar,
vamos
a lo largo del mar,
a lo alto de los montes,
vamos
donde esté floreciendo
la nueva primavera
y en un golpe de viento
y canto
repartamos las flores,
el aroma, los frutos,
el aire
de mañana.
Tierra Abierta
Era de noche y
la primera vez que se miraron,
temblaron.
Dos placas tectónicas temblaron a lo lejos
porque querían estar más cerca.
Poco a poco
fueron acercándose;
mientras la lava volcánica
que corría por sus venas
se movía con gran violencia.
Al principio fue un roce,
absorbieron agua que caía del cielo,
transportaron el agua que viene de la tierra
y la llevaron a la superficie para saborearla...
Y mientras sentían el sabor del líquido caliente
las placas temblaban...
El tercer temblor fue más intenso,
las placas se querían acercar más
y el contacto fue mágico.
La tierra tembló.
Los pájaros que estaban en los árboles volaban
porque sentían que la tierra
que debajo de ellos estaba
en dos se iba a abrir.
Era definitivo,
las placas estaban enamoradas...
...o quizás prendadas;
pero la pasión que sentían
ya no podía esperar.
Era un atracción que causó temblores...
En una tierra inhabitada.
Causó temblores...
Donde se iban a juntar.
Causó temblores ...
cuando sólo se imaginaban
lo que habría de pasar.
No pudieron más
la espera era larga
pero el día tenía que llegar,
placas apasionadas-enamoradas;
placas obsesionadas-prendadas...
Se juntaron.
Una placa sobre la otra.
En un lugar desierto,
sus venas explotaban
volcanes de sangre.
Fluidos confundidos.
Ya no se sabía
a qué tierra el agua pertenecía.
El temblor fue grande.
A lo lejos
en tierras habitadas
se sentía la fuerza del temblor.
Los pájaros volaron
a otro sitio esta vez,
huyeron despavoridos,
la tierra se abrió.
En un lugar desierto
mostraron sus almas...
Tierra abierta,
sentimientos expuestos,
fuego ardiente
de sangre volcánica
y un gran tsunami
que a ambas tierras bañó
mientras abrazadas temblaban ,
no había quién las separara
era intensa la atracción .
Dos placas fueron
y con deseo se juntaron.
Nunca más hubo un temblor,
sólo un meneo,
de miedo...
de temor...
Temor de que una sola placa
dejaran de ser.
Y así juntas se quedaron.
Juntas,
formaron una nueva tierra.
Juntas.
LUNA Y PANORAMA DE LOS INSECTOS
Mi corazón tendría la forma de un zapato
si cada aldea tuviera una sirena.
Pero la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos
y barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos.
Si el aire sopla blandamente
mi corazón tiene la forma de una niña.
Si el aire se niega a salir de los cañaverales
mi corazón tiene la forma de una milenaria boñiga de toro.
Bogar, bogar, bogar, bogar,
hacia el batallón de puntas desiguales,
hacia un paisaje de acechos pulverizados.
Noche igual de la nieve, de los sistemas suspendidos.
Y la luna.
¡La luna!
Pero no la luna.
La raposa de las tabernas,
el gallo japonés que se comió los ojos,
las hierbas masticadas.
No nos salvan las solitarias en los vidrios,
ni los herbolarios donde el metafísico
encuentra las otras vertientes del cielo.
Son mentira las formas. Sólo existe
el círculo de bocas del oxígeno.
Y la luna.
Pero no la luna.
Los insectos,
los muertos diminutos por las riberas,
dolor en longitud,
yodo en un punto,
las muchedumbres en el alfiler,
el desnudo que amasa la sangre de todos,
y mi amor que no es un caballo ni una quemadura,
criatura de pecho devorado.
¡Mi amor!
Ya cantan, gritan, gimen: Rostro. ¡Tu rostro! Rostro.
Las manzanas son unas,
las dalias son idénticas,
la luz tiene un sabor de metal acabado
y el campo de todo un lustro cabrá en la mejilla de la moneda.
Pero tu rostro cubre los cielos del banquete.
¡Ya cantan!, ¡gritan!, ¡gimen!,
¡cubren! ;trepan! ¡espantan!
Es necesario caminar, ¡de prisa!, por las ondas, por las ramas,
por las calles deshabitadas de la edad media que bajan al río,
por las tiendas de las pieles donde suena un cuerno de vaca herida,
por las escalas, ¡sin miedo! por las escalas.
Hay un hombre descolorido que se está bañando en el mar;
es tan tierno que los reflectores le comieron jugando el corazón.
Y en el Perú viven mil mujeres, ¡oh insectos!, que noche y día
hacen nocturnos y desfiles entrecruzando sus propias venas.
Un diminuto guante corrosivo me detiene. ¡Basta!
En mi pañuelo he sentido el tris
de la primera vena que se rompe.
Cuida tus pies, amor mío, ¡tus manos!,
ya que yo tengo que entregar mi rostro,
mi rostro, ¡mi rostro!, ¡ay, mi comido rostro!
Este fuego casto para mi deseo,
esta confusión por anhelo de equilibrio,
este inocente dolor de pólvora en mis ojos,
aliviará la angustia de otro corazón
devorado por las nebulosas.
No nos salva la gente de las zapaterías,
ni los paisajes que se hacen música al encontrar las llaves oxidadas.
Son mentira los aires. Sólo existe
una cunita en el desván
que recuerda todas las cosas.
Y la luna.
Pero no la luna.
Los insectos,
los insectos solos.
crepitantes, mordientes. estremecidos, agrupados,
y la luna
con un guante de humo sentada en la puerta de sus derribos.
¡¡La luna!!
New York. 4 de enero de 1930.
Federico García Lorca

