Skin
looking at you (in my mind)
I can smell your essence,
Taste your flesh,
Touch your softness,
Hear you breathe.
Having it close, I can imagine you;
See the spots in your skin...
Feel the line of your hips...
Feel you...
Mi piel me contiene, me limita, me guarda. Me dice "hasta aquí llegas". Afuera es el mundo.
Mi piel me muestra, me expone en mi pequeña desnudez que cubro pudorosa o que descubro para que el otro la descubra.
Mi piel es perfecta con sus pecas que han viajado en genes, que están ahí desde que dios sopló un alma dentro de un afortunado cigoto. ¿Cuántas pecas hay en las constelaciones de mis brazos, mi pecho? Si el destino existe, es un número de pecas que saldrán a la superficie... con los años. Cuando hayan aflorado todas moriré.
Mi piel es imperfecta con esos poros grandes que también vienen de atrás, de generaciones atrás que poblaron y conocieron américa y corrieron con los pies descalzos (piel contra piedra) por los áridos paisajes del norte.
Mi piel no es un escudo, no puede serlo, trato de ocultarme dentro de ella pero jamás lo logro, piel traicionera que grita "existes". Contenedor de todas las contradicciones, de todo lo que se mueve dentro, de las lágrimas infinitas que jamás muestro porque me llena de miedo que los otros me conozcan y sepan de mis fragilidades. Y hasta aquí llego, aquí termino, en la punta de mis dedos que se extienden, temblorosos, cuando los alargo para comprobar que estás ahí, que existes ahí, dentro de tu piel y tus enigmas infinitos.
Los últimos años, día y noche, la oscuridad es la constante. De vez en cuando algunas estrellas asoman por los hueco ocasionales de los nubarrones arracimados sobre nosotros y nos permiten fijar rumbos nunca ciertos ni demasiado confiables. Pero la tozudez en el remar no la perdemos.
La piel del agua sobre la que navegamos varía constantemente. En ocasiones es lisa, como la piel de un niño que sonríe al darse cuenta por primera vez que sus manos se mueven a su impulso. En otras coyunturas la superficie acuática tiembla y se irisa como la piel del amante bajo la leve caricia del amado. Por momentos, cuando la brisa se convierte en viento, la cubierta marina se espeluzna como la piel de aquél a quien rasguña un gato. Y a veces la apariencia del agua se convierte en el pelo erizado de la piel de un perro, que gruñe a su enemigo mientras muestra sus dientes.
Los galeotes remamos, remamos, remamos, sin que nadie nos apure con látigo o insultos. Los últimos años bogamos entre bruma y tinieblas, pero no abandonamos el placer de observar la apariencia de la piel del agua, como si fuera la piel de nuestro amante.