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¿Se han ido?
¿Tú crees, Muerte, que te los has llevado?
¿O crees, traviesa, que los has fijado como en una fotografía? ¿Piensas acaso que los has dejado inmóviles, en su última o penúltima actitud?
Recuerdo a mi abuela en una fotografía: toda vestida de blanco, con su ropaje muy largo, hasta el suelo, o más, con la cola de su atuendo desparramada ante ella, sumamente delgada y hermosa. Era una fotografía de 1934; no sé a dónde ha ido a parar ese retrato que hace poco todavía contemplaba embelesado ¿Fue la Muerte quien la fijó así, bella, alta e imponente el día de su boda? ¿O fuiste tú, Muerte, quien la dejaste fija a sus 92 años acostada en paz durmiendo para siempre, como la vi la última vez?
Más la fijó el fotógrafo que tú y ninguno de los dos se la llevó. La abuela sigue viva en el proceder de mi mamá, de mis tías, de algunos de sus nietos.
Conozco a un viejo que estuvo poco tiempo junto al padre. A sus setenta años este viejo hace cuentas y resume: trece años vivió en la misma casa que su papá; casi no lo veía; el niño salía temprano a la escuela y el señor se levantaba un poco más tarde; el pequeño se dormía temprano (hablamos de hace casi sesenta años), el grande llegaba a casa más noche. Apenas cumplidos los trece el niño se fue a estudiar a otra ciudad y sólo hasta los cincuenta volvió a vivir temporalmente en la misma casa que su padre. Hace unos diez años murió el padre, siendo una sombra de lo que había sido; el tiempo había dañado irreversiblemente sus neuronas. Tú, Muerte, no te lo llevaste: permitiste que reviviera en la mente de su hijo que ya no tuvo que verlo opaco, sin la brillantez que todavía lucía a sus ochenta años. Ahora el viejo de setenta vive muchas de las máximas de su padre y revive su libertad, su bonhomía, su felicidad y algunas de sus preocupaciones y dudas. Tú, Muerte, sólo lograste que el hijo hiciera vivir de nuevo las anécdotas olvidadas y solamente conocidas por las narraciones del padre. Lograse que el muerto le vuelva a recordar a su vástago: “esto y esto pasa a los cuarenta, esto a los sesenta y esto más a los ochenta”.
Y el padre regresa a la vida, a la vida de su hijo, junto con otros personajes de la historia familiar, de la historia patria y de la historia de la humanidad que seguirán vivos aunque al viejo de setenta años lo envuelvas en el engaño de que ya te los has llevado. Él y los otros seguirán vivos hasta que el Tiempo y no tú los borre de las mentes de quienes los conocen y los leen.En homenaje...
En palabras de Dehesa.
"Pido permiso para pensar, pero también para sentir, para subsanar, para restablecer, para agradecer (...) Agradezco estar vivo y perseverar tercamente en ello. Agradezco cada palabra cariñosa y todo dicterio que me han lanzado (...) Agradezco la sal y la pimienta. Agradezco mi inmerecida inteligencia que me ha permitido discernir no al mundo, pero sí a una buena parcela con todo y habitantes. Agradezco el don de la palabra que, con 23 escasos sonidos de nuestra garganta, nos permite figurar y nombrar las innumerables cosas. Agradezco la existencia del hipopótamo que ahí está resoplando en su alberca (...) agradezco la existencia de mis lectores (...) demorándose en mis renglones, en mis palabras".
"Mis lectores", de Germán Dehesa, en "Gaceta del Ángel", periódico Reforma (28/04/10).
Y así... perseverar tercamente en ello, estar vivo.
Relaciones Internacionales
Duelo
Hoy siento, Muerte, que me buscas.
Me pasas a veces tan cerca,
me tocas al hombro,
me miras,
y tengo miedo
que quieras enamorarme.
Muerte: ¿Qué has hecho con los míos?
¿Porqué no los podemos compartir?
He llamado a sus espíritus
y ya no los veo.
Parece que el más allá
se ha puesto el velo,
se me ha ocultado...
¿Dónde están los espíritus?
Aunque les temo
y le he pedido
al Señor que los reprenda;
hoy los deseo ver...
¡Ay, amigo, hermano, padre, abuelo, abuela!
¿Cuántos más?
¿Cuántos?
¡Cuanto los extraño!
Sí Muerte es cierto, la vida sigue,
mas sabiendo que no están ahí
duele empujarla..
Hoy llevo un duelo...
uno que duele...
...uno que recordaré cuando ande en las duelas;
buscando entretener en mi próxima actuación...
Está bien Muerte,
ya no los llamo.
Los dejo ir...
...pero por alguna contradicción
se quedan aquí.
Hoy siento, Muerte, que me acechas,
no me buscas a mi
pero a los míos te acercas.
¡Muerte dame un “chance”!
Vete lejos.
Ahora deseo una pausa;
quiero un descanso de este duelo.
¡Déjame descansar en paz!
