El licenciado Alegría se levanta temprano, como es su costumbre. Si los seres humanos somos animales de costumbres, el licenciado Alegría es un gran animal. Como todas las mañanas, se dirige al calentador (no automático) y gira la perilla para encenderlo. No se escucha el bombazo que acompaña a la gran flama, porque se acabó el gas. Su compañero de casa, un músico huesero, es mucho menos metódico que él y por supuesto no cambió el tanque, a pesar de que Alegría le dejó dinero, como de costumbre. Se baña con agua fria y se peina prolijamente, echándose mucho gel y estirando los mechones de pelo para medio cubrir su mollera pelona. Sale del baño para vestirse con uno de sus varios e idénticos trajes grises y camino al clóset se pega en el dedo chiquito del pie. Ya vestido se va a la cocina para desayunar; puesto que que no hay gas, se prepara un sándwich y nada para tomar, porque no puede poner a hervir agua para café y en las mañanas Alegría sólo toma café. Muerde su sándwich y no se da cuenta de que le puso demasiada mostaza, hasta que esta se derrama y cae directamente en su corbata. Vuelve a su recámara, se cambia la corbata y como está un poco ofuscado por la mala mañana olvida echarla para atrás, como es su costumbre, para después cepillarse los dientes. Tras una mancha de pasta y otro cambio de corbata, sale de casa y camina hacia la parada de autobús a la cual llega sólo para ver como se va su transporte. Nunca se le hace tarde, pero qué podemos esperar si tuvo que cambiarse dos veces la corbata. Resignado y paciente, se queda ahí de pie esperando el siguiente autobús. Alegría mira hacia el final de la calle, distraído, o más bien concentrado en su esperanza de ver venir pronto el siguiente autobús y no se da cuenta del perro que está orinando los bajos de sus pantalones, hasta que siente la humedad en el zapato. Ahuyenta al perro como puede, porque una langosta (¿una langosta?) furiosa le jalonea con sus enormes tenazas la bastilla de la otra pierna, la que el perro no orinó. Caray, dice Alegría, este día va a ser una... No alcanzamos a escuchar lo que dice, nos estorba el estruendo de un piano cayendo sobre su cabeza.