Posterous theme by Cory Watilo
Palabreros

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Jugando a las palabras

Las letras andan por ahí muy alborotadas. Su viejo maestro, el jeroglífico no pudo detenerlas. Tampoco las contuvo el joven profesor, el señor ideograma. La energía de las letras es enorme, unas veces alegre y bullanguera, otras agresiva, unas más aterradora.

Pero ¿a qué juegan las letras? ¿qué hacen durante su tiempo libre? La televisión no les divierte. Los juegos de video no son lo suyo. En el dominó ni siquiera aparecen. Aunque en las rondas infantiles, en los naipes o en el cubilete se dejen ver de vez en cuando, su energía es mucha para quedar satisfecha con esos juegos. Aburrirse ¡nunca! bien lo afirma un cartel ya famoso: “Si no leo me aburro” dicen junto al simpático pollino.

¿Qué les queda a las siempre activas letras? ¡Jugar a las palabras! Ahí su energía jamás se agota. Antes de ser letras, cuando apenas eran leves sonidos o murmullos imposibles de representar con símbolos escritos, decidieron jugar a formar las palabras. Ese juego sí que les apasiona. Cuando andan por ahí, en la mente de alguien, buscan activas juegos de palabras y si bien los vocablos puede ser limitados el juego de palabras no tiene nunca fin. Larga vida les queda a las letras, juegos infinitos de palabras en qué ocuparse ya sea utilizando un muro, plasmándose en un simple papel que el agua borra o bailando en ondas intangibles que han pretendido negarle espacio, pero que ellas usan ya con soltura como amplísimo campo deportivo para seguir jugando a las palabras.

Literalidad

Sustantivo por antonomasia del razonamiento masculino y, por ende, adjetivo de su comportamiento. Su licencia para matar: "Te digo lo que es. Te lo digo como es". La justificación perfecta para terminar una conversación no comenzada. Y siento que perdemos la riqueza del resto de los verbos ser, estar, sentir, pensar...

Funciona cuando lo que expresas es lo que quiero escuchar. Su efectividad parece minarse cuando entra la característica regidora de mi femineidad: intuición. Ese referente de sabiduría ancestral que fluye desde el trasfondo mágico de cada humano. Y tú lo sabes. Y te quejas. Y lo esperas. Y lo odias. Y lo reclamas cuando no aparece. Cuando el lector de mentes está en huelga.

Con permiso -o sin él-, te interpreto, juego con tus palabras. Me equivoco, me revuelco, me deploro. No soy la luz que alguna vez fui. Sólo su eco, su remedo, lo que queda al amanecer.

Al final, se imponen las reglas de la naturaleza y somos literalidad. Literalidad cuando mientes, cuando exiges, cuando niegas, cuando duermes. Cuando dices que me amas con los ojos mirando el techo. Cuando te contesto entre sueños que lo sé. En el fondo, lo sé.