Tic- Tac
"Manolo no puede sino estar hablando en serio", dijo de repente Fátima, mientras comía un pastel de zanahoria en la cafetería local.
"Es decir, sabe que estoy esperando que se ponga serio con un anillo. Bueno, el anillo ya me lo dio, aunque no es un diamante, pero no le hago el feo a ese zafiro precioso que era de su abuela. Pero me dijo sólo 'Quiero que lo tenga tú. Lo demás es papeleo, es un cliché social'. Pero lo que yo quiero que entienda es que para mi 'papelito habla'."
Tanto Manolo como Fátima viven solos, cada uno en su departamento. A veces ella pasa noches en casa de Manolo. Él no es muy dado a irse a la casa de ella. En realidad, no parecen muy incómodos con esa situación de vidas conjuntas pero con su espacio definido.
Fátima parece no escuchar lo que Manolo le ha dicho repetidamente: él no tiene prisa, la ama pero ya ha visto lo que el matrimonio puede hacer a las parejas. Y menos entiende el trasfondo psicológico que él ve: si están destinados a amarse hoy y ahora, él se entregará hoy y ahora. Si dura, bien, si no dura, mejor si no hay que pasar por el calvario de abogados, papeles y agrio divorcio. Ya lo ha visto y no lo quiere en su historial. No lo ve como una carrera, ni como una meta. No se preocupa por estar listo.
Ahora ¿qué pasa con Fátima? ¿Es injusto que quiera una vida tradicional de compromiso y entrega como ella le ofrece, le da? ¿Qué es lo que realmente le inquieta si también lo ama? ¿Acaso Manolo escucha lo que le dice Fátima?
"Te lo voy a contar, Emma. No es que lo quiera presionar. A fuerza, ni los zapatos entran. Pero Manolo no parece entender: yo quiero hijos. Al menos dos. Y eso lo he querido desde siempre, desde niña. Y, ¿qué crees? Ya no soy una niña. Y oigo el tic tac de mi reloj biológico cada vez más débil. Yo lo amo a él y quiero que sean sus hijos. Cada tarde que lo pienso, veo más larga esta carrera..."
Sorbo café en silencio. Fátima muerde su tarta. Vemos entrar a Manolo a la cafetería.
