“Los dos se encontraron y se rieron”Eduardo Galeano.
María y Clara se conocieron en la prepa a los 16 años, las presentó el Señor Azar, como pasa todo el tiempo. Venían de dos ciudades diferentes y fueron a parar a la misma escuela, al mismo salón, y se reconocieron en medio de un montón de gente en una plática poco usual. María desde el primer día sabía que la mamá de Clara había muerto días antes. Clara no se lo dijo, ella sólo lo supo.
Al terminar la universidad, las dos tomaron caminos distintos. María se fue. Clara se quedó. Pasaban años enteros para volver a encontrarse, se reunían cuando María regresaba a la ciudad, específicamente a ver a Clara. No se escribían por correo, y se llamaban sólo en sus cumpleaños, la dos odiaban las pláticas telefónicas. Nunca se regalaban cosas. Clara recuerda sólo una ocasión en que María le compró una gerbera color amarillo el día que nació su primer bebé.
En cada encuentro esporádico les gustaba ponerse muy borrachas, y cuando no podían brindar con alcohol, lo hacían con agua o con una galleta o con lo que fuera y se decían ¡Salud por todos estos años!. Las dos habían aprendido a no reclamarse la distancia, pues aún cuando no se veían, se sentían más cerca que cualquier otra persona a la que veían a diario. Se miraban y se sabían. Se pensaban y se sabían.
Ninguna de las dos podía nombrar exactamente que las unía, y tampoco gastaban su tiempo en tratar de definirlo. Flotaban. Eran como amigas de la infancia, aunque el tiempo las haya presentado tiempo después. Escurrían en lo maravilloso, como gotas sobre el vidrio. A todo el mundo le decían que ellas tenían una amistad como la de Julio Cortázar y Pablo Neruda; “muy pocas palabras les bastaban para fijar rumbos mentales”.
Pero hubo un encuentro que fue diferente a todos los anteriores, sin saber porqué, María se comenzó a sentir cada vez más lejana en las palabras de Clara, por mucho que intentó no mostrar su incomodidad, no lo logró. La plática fue absurda y casi obligada. Se despidieron pronto y no se emborracharon como antes.
Saber que Clara formaba parte de su vida, era como estar tomada del lazo que la unía con el mundo aunque todo fuera a contramarea. Esa última vez no fue así, algo pasaba, se sintió sóla, más que nunca en la vida. Quizá Clara estaba cambiando, o María estaba cambiando, ¿Cómo saber si la amistad no estaba cambiando también?.
Pasaron unos años, María regresó a buscar de nuevo a Clara. El intento fue aún más doloroso, se despedieron de nuevo muy rápido. Dejaron de verse con más años de por medio, cada vez menos. María planeaba en volver una vez más, pero sólo pensaba y pensaba: ¿cuántas veces más se puede intentar volver al mismo lugar y salvar una historia de dos?.
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Fluoxetina.