El dictado de la moda
Cuando digo moda no sólo me refiero al vestir. Es mucho lo que pueden estar de moda. Se ponen de moda costumbres, gustos, decires, personajes, películas, comidas, cualquier cosa
¿Qué es la moda? ¿Qué es estar de moda? Cada quien póngale un contenido semántico al asunto, pero todos estarán de acuerdo en que el dictado de la moda existe.
Pero ¿la moda es un dictador?
¿Qué dirán de un dictador las palabras enlatadas en un diccionario? La verdad, me da flojera abrir la lata, aunque estén de moda las latas abrefácil.
Hace años se pusieron de moda los blogs ¿Todavía lo están?
¿Escribir cada semana en un blog es vivir bajo una dictadura o es buscar rendijas de libertad?
Aquel dictado de la moda, el blog, me ofrece posibilidades de expresión escrita que no tenía antes, aunque, cierto, me obliga a cuidad más las ideas, las palabras, su correcto acomodo.
Alguien dirá: “En un sentido lato el blog es un dictador ...” ¡bah! ¡pamplinas!
¿Es dictador, es dictadura lo que nos ofrece libertad aunque el precio sea verse obligado a cuidar como hijos amados los escritos producidos?
¿Qué es una dictadura, qué un dictador?
Rechazo consultar palabras rancias almacenadas en entrepaños de diccionarios que pulen limpian y otorgan esplendor. Prefiero pescar vocablos arremolinados en torbellinos venturosos provocados por la bendita costumbre de contar. Y encuentro a un dictador perpetuo, tan viejo que ni él sabe cuantos años ha vivido defendiendo su poder aun a costa de vender el mar de su país, que los compradores se llevan en exclusas dejando a la patria rodeada de un páramo lunar sin horizontes. O consulto en París al letrado y culto iniciador de lo real maravilloso que me describe en Francia a un gobernante latinoamericano viviendo como la rancia nobleza europea, dictador que de este lado del Atlántico impulsa la modernización de su país para enriquecerse sin límites, manipulando información y matando o comprando opositores para perpetuar sus trastupijes.
Y todavía no satisfecho hojeo la vida de un Señor Presidente que a su mejor asesor, que es “bello como un ángel, malo como el demonio”, lo abandona en un calabozo donde se usa el mismo cubo para bajar la comida del preso y subir sus excrementos.
Y entonces me digo: frente a dictadores como esos prefiero mil veces el dictado, la dictadura si se quiere, de este blog que libera mis ideas, mis dedos y mis palabras que estarían presas y seguirían siendo, como son, feas como el diablo y traslúcidas como un ángel, pero lo serían en las tinieblas sin este espacio que les permite serlo a la luz, lo que sospecho que no por fuerza es mejor, pero a mi me gusta más.
