Noche de otoño, sillones de cuero y libros, rodeándolo. La temperatura es agradable y los olores de vino, café y velas encendidas, se entremezclan en las diferentes salitas del acogedor bistro.
Él ya se siente urgido por intercambiar puntos de vista con su amigo y sin siquiera soltar su copa de tinto, se suelta.
"Ella me engaña. Estoy seguro. Y no me preguntes cómo, pero lo sé. La duda me ha estado carcomiendo, pero ya sé que es así, estoy convencido"
Ha dicho esto con la respiración agitada, con el tono de voz tenso y ligeramente agudo de las personas que están a punto de gritar. Su interlocutor se echa hacia adelante, y con voz pausada lo inquiere:
"¿Qué es lo que dices? ¿Por qué estás tan convencido? ¿Con quién?"
"Lo sé por la manera en la que le habla a otros hombres. La forma en la que les escribe en Facebook, tan amable, tan... ella. También es así con las otras chicas con las que he visto que platica, y me da duda de que quiera experimentar, pero esa coquetería disfrazada de carisma sin duda es una invitación a los hombres a acosarla, a buscarla, a conquistarla.
No sé con quién esté teniendo una aventura, pero no me queda duda de que hay al menos un par de apuntados, ¡esos listillos!"
"¡Vamos, amigo! Pero, entonces, realmente no la has atrapado en la infidelidad, ni te consta que esté considerando terminar contigo... ¿por qué te atormentas así?"
El interlocutor se sentía con el deber de intentar matizar las serias acusaciones que el chico pronunciaba, pero tampoco se iba a perder ser el de la primicia en los chismes de la pareja amiga.
"Es que yo conozco a las mujeres, conozco a las de su tipo tan bien, que por eso me enamoré de ella: no importa lo que diga, no importa lo que haga, sino lo que yo sé que está detrás de todo su teatro. Sé que me ama y podría no dudar, pero me doy cuenta de la forma en la que juguetea con su pelo al hablar con los demás, lo hermosa que se pone cuando vamos a salir a fiestas y reuniones, esa tendencia a dejarme a la deriva, mientras ella se desenvuelve con tanta facilidad con desconocidos... ¡Es tanta su desconsideración hacia mi, hacia mis sentimientos!"
Los ojos le flameaban de indignación. Verdaderamente parecía que le provocaba dolor de estómago vomitar cada sentencia.
"¡Pero mira, 'mano!, ¡está de la mierda que afirmes así que te es infiel cuando la chica así ha sido siempre, y tú lo sabes! ¿Ya le has preguntado al respecto?". De la expectación, tiró un poco del líquido ardiente de su taza, al tapete sobre el que apoyaba los pies.
"Es una de las discusiones más frecuentes que tenemos, ¡siempre se pone tan a la defensiva cuando la cuestiono! Dice que soy un inseguro, pero lo que no entiende es que si me siento inseguro es por ella, su comportamiento y sus reacciones, tan limitantes a mis preguntas. Es su culpa que yo dude, porque sin ningún respeto, habla de actores y celebrities guapos con sus amigas, así esté yo presente.
Pero ella siempre me mira como si estuviera yo idiota, alucinado. A veces, luego de mucho insistir, consigo que se irrite y me diga "por supuesto que no te soy infiel", pero como ya está molesta, ya no sé si creerle... ¡Pero esta misma noche la confrontaré! ¡Le diré que sé que me está poniendo los cuernos y que no pienso permitir su falta de respeto, su poco compromiso, su poco interés en mi amor por ella!", exclamó lleno de coraje.
"Ya he escuchado suficiente", interrumpió una voz femenina. Era ella, la acusada. Ambos chicos levantaron la mirada diagonalmente. Ella estaba parada justo en medio de ambos, a sus espaldas. Imposible saber cuanto tiempo tenía ahí, imposible saber cuánto de esa conversación había presenciado.
Venía con una amiga, que paseaba la mirada de los individuos en los sillones a la chica, como si se tratara de un partido de tennis.
Ella miró al quejoso fijamente, con el rostro serio y el ceño fruncido.
En una fracción de segundo, dio la vuelta y salió del establecimiento. La amiga titubeó un poco, pero casi de inmediato, salió detrás de la inculpada, no sin echar una mirada de reprobación al novio, que totalmente azorado, tardó en reaccionar y salir detrás de ellas.
¡Ah, la lentitud! Para cuando el chico quiso alcanzarlas, ya estaban subiéndose a un taxi y perdiéndose en la esquina siguiente.
No hubo manera de localizarla. El novio, antes tan seguro de la infidelidad constante de la chica, ahora la buscaba por todas partes y por todos los medios, sin éxito. Lo único que supo de ella, luego de innumerables intentos por conseguirla telefónicamente, fue un texto que decía: "Que te aprovechen tu telenovela y tus poderes adivinatorios".
En un puesto callejero de salchichas, el amigo le pregunta: "¿Y qué pasó finalmente? ¿Confirmaste tus sospechas?".
El chico lo mira fijamente y le responde lastimosamente "No he logrado que me lo confiese, pero tampoco que lo niegue. Lo peor de todo esto es que sólo me ha quedado la duda".