Posterous theme by Cory Watilo
Palabreros

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Los cambios vividos alguna vez por uno de mis antepasados

Su inmovilidad es absoluta. El abuelo no siente nada. Una lasitud enorme lo tiene dominado por completo.

Algo flota en el aire. El anciano no sabe bien qué es, pero más poderoso que su memoria ese algo lo remonta a su infancia. En realidad ese aroma lo ha percibido desde antes de nacer. Durante más de ochenta y siete años, todos los días, su olfato se ha dilatado con ese aroma. No es posible olvidarlo, es el inconfundible perfume del café. Suave, insistente, se adhiere al interior de sus sentidos despertando poderoso recuerdos. El olor de los granos tostados le trae la presencia de la mujer que los despulpa. El rumor de la porra batiendo el café en el cazo de madera le hace oír un murmullo diferente. Escucha susurros, cuchicheos, alguna risa apagada que trata de esconderse. Sus ojos, tras los párpados cerrados, son incapaces de ver algo más que la oscuridad completa. Junto al aroma del café otro tenue olor se filtra hasta el cerebro; parecería de velas y sudor; pero el aroma del café se impone. La insistente ola de murmullos obliga a que el abuelo recuerde más. Su oído se abre, escucha atentamente, pero nuevamente es el vaho el que lo obliga a paladear. La leche materna se alternaba desde entonces con ese sabor, recuerda de pronto. Sabor que lo ha acompañado durante más de sus ochenta y siete años. El café cotidiano despierta sus sentidos y tras estos vienen en cascada los recuerdos.

– ¡Qué pasa con mis ojos! – piensa el abuelo. El perfume es inconfundible, los olores le hacen deleitarse, su oído le recuerda vagamente una reunión donde todos toman un café, pero sus ojos no pueden abrirse. Nuevamente el olor lo sacude y un hormigueo le corre por dentro. Jamás había sentido las venas. Comienza a percibir sus vasos capilares. Los siente a perfección, algo tibio, seguramente rojo, abre su interior con fuerza y por vez primera el abuelo siente su circulación, la maravilla de ese líquido que le aporta aire a cada una de su células. Sus músculos se avivan. Mueve los brazos que chocan contra algo. Los párpados no pueden seguir quietos ¿Por qué le pesan tanto? Pero en su cerebro el olor del café se ha instalado definitivamente. El deseo de saborearlo es poderoso. La piel percibe un tenue aire fresco. Parece que la alborada anuncia una límpida pero fría jornada invernal. Todo su ser se ha reavivado por completo. Por fin abre los ojos. Está oscuro a su alrededor. Un mandato imperioso que surge del aroma y del recuerdo del sabor único del café, imprime fuerzas olvidadas al anciano. Firmemente se yergue y sus ojos, por fin abiertos perciben la luz mortecina de unas velas. Su ser se estremece ante el cúmulo de sensaciones que lo asaltan. Un hondo y ahogado grito colectivo lo estremece. Los asistentes han sido apresados por el pánico. Desde su ataúd abierto, el abuelo manda, como siempre, firme la voz, todos los sentidos en alerta: Clotilde, mi café.

¡Qué cambio!

No podría ir caminando más distraída, apenas instintivamente esquivando peatones mientras actualizo mi perfil de facebook en el teléfono móvil. Por inercia, me dirijo al Starbucks cercano al metrobús Francia, a la vuelta de mi oficina, pensando en que no debo olvidar presentarle al cajero mi tarjeta de puntos del establecimiento; ahora ya ningún descuento o recompensa de cliente frecuente se desprecia.

Abro la puerta de cristal y siento una ráfaga de aire tibio en el rostro, contrastante con el clima otoñal de la calle; me formo en la variopinta fila que me antecede y preparo mentalmente mi complicada orden de café bien cargado pero sin grasa ni azúcar de ningún tipo.

De reojo, una silueta familiar me sacude internamente. Lo he visto, es él, mi ex-lo-que-sea. Lee con detenimiento un periódico y aprovecho esto para observarlo al detalle. Lleva una camisa lila que le va fantástica y ha actualizado el corte de pelo por uno mucho más moderno. Me sorprendo al notar que lleva por accesorio personalísimo esa barba de tres días que a tantos chicos los hace ver sexies y seguros de sí mismos. 

Mi cuerpo se tensa y estiro el cuello, entornando los ojos. "Maldita miopía, tengo que operarme la vista pronto" -pienso en un milisegundo. Sigo analizando los detalles: "¡Vaya! Ha tomado un poco de sol y las ojeras se han matizado. Se le ve menos marcado el tradicional gesto de preocupación que suele poner al concentrarse. Pero las arruguitas alrededor de los ojos son imposibles de desaparecer gracias a que jamás escuchó mis recomendaciones incesantes para que usara filtro solar".

La fila avanza y al escuchar el saludo de la cajera, le sonrío y disparo mi orden de bebida cafeinada: "Alto vainilla latte con leche descremada, por favor", apenas distrayéndome para no perderlo de vista. Ha pasado tiempo; no sé si mucho o poco porque a veces me da la impresión de que, cuando se trata de sanar el corazón, el tiempo puede ser un pillo elástico que se estira y contrae a voluntad del clima, pero no quiero perder la oportunidad de presentarme otra vez ante sus ojos y que él también pueda evaluar mi cambio: hoy me siento segura de que sólo puedo verme mejor que la última vez que hablamos. "Sí, época oscura en la que ni el sol quería mostrarme la cara..."

Mientras espero que me entreguen el café, preparo mi estrategia: Pasaré junto a él descuidadamente y chocaré mi cadera con su hombro. Cuando nos veamos, me mostraré sorprendida y actuaré con naturalidad. Quiero verlo de cerca y leerlo tan bien como cuando estábamos juntos.

Doy la vuelta casi con violencia y me dirijo mostrando más seguridad de la necesaria hacia el chico del periódico y la camisa violeta. Miro hacia el frente distraídamente y llevo a cabo mi maquiavélico plan de llamar su atención con un accidente. Todo va saliendo a la perfección: lo incomodo lo suficiente para escucharlo resoplar pero sonríe distraídamente cuando le digo "¡ay, perdón!". Al escuchar mi voz, levanta instintivamente la vista y nuestras miradas se cruzan, mientras abro la boca para exclamar el discurso preparado:

- "Wow, ¡Hola! ¡No esperaba encontrarte aquí, casi no te reconocí..!"

En su rostro se refleja extrañeza mientras analiza mi mirada que, rápidamente noto pierde su otrora confianza y se llena, al mismo tiempo, de sorpresa y pánico:

- "Eh, este... Perdona, te confundí con alquien más". 

¡Mierda! Escucho en mi mente el estruendo que puede crear un castillo de naipes derrumbándose. Viéndolo de cerca, ¡no se parece gran cosa al ex-lo-que-sea! Se ve más atlético y relajado. En suma, más atractivo. Pero yo ya no sé cómo salir corriendo con un poco de decoro. Mi ego se siente tan escaldado como si mi bebida ardiente le hubiera caído encima.

El chico parece divertido y, sagazmente, me contesta: 

- "No te preocupes, pero por tu entusiasmo al saludar estoy seguro de que tenías muchas ganas de encontrar a esa persona. Lamento decepcionarte."

Cuando me pongo nerviosa, soy capaz de responder velozmente. Eso sí, la calidad de las respuestas no siempre es de galardón.

-"No hay ninguna decepción. En realidad, mejor que fue contigo. Él es ese tipo de personas que prefieres no encontrarte si no estás vestida para una cena de gala. Digo, ¡perdón!, ¡no quiero decir que tú te merezcas ver a una mujer piltrafa en ningún lado, ni mucho menos!  ¡Ay Dios, qué manera de cagarla!"

El chico suelta una sonora carcajada al tiempo que se levanta de su silla y me muestra la que está vacía frente a él, separada por una mesita llena de periódicos. 

-"Tanta vejación a tu autoestima al llamarte piltrafa y a la mía, te van a costar una rebanada de pastel, así que siéntate un momento para que nos pongamos de acuerdo dónde y cuándo tendré el honor de cobrarlo. Tampoco quiero que llegues tarde a tu trabajo esta mañana".

Me da un vuelco la mariposa que me habita dentro por lo inesperado de toda la situación. Miro el reloj para asegurarme de que tengo 10 minutos para charlar con el chico. Me siento frente a él, sonrío y fugazmente me pasa por la cabeza: "esto sí que es todo un cambio".

FETO: Cambio Cercano del Tercer Tipo

Alien

 

Había estado escribiendo mis poemas y cuentos en un teléfono celular barato, por mucho, mucho tiempo. Olvídate de los Blackberries o iphones  de fantasía. Olvídate de los nuevos “Evos”. Este no era el caso. Mi celular era un celular barato.


Yo era un escritor sin un ordenador.

Yo era un escritor, escribiendo cuentos y poemas, en un celular barato.

Mis dedos siempre estaban con dolor. Escribía durante horas, en un teclado qwerty pequeño. 

Hasta un día de este año.

Hasta que ESO sucedió.

Era una mañana fresca y brillante del mes de julio. La temperatura en los bajos 60. Estaba en una misión en Michigan. Se suponía que debía estar descansando, lejos de la ciudad de Nueva York. Quería tomarme un descanso de las adversidades de la vida. Usted podría llamarlo un retiro espiritual.

Un All-American Ashram.

O como le de la gana llamarlo.


Después de pasar unos días en la isla Mackinac y comer chocolate, practicar ciclismo, senderismo, sedentarismo, etc; encontré una villa en la península superior de Michigan, en la ciudad de Saint Ignace.

Me habían dicho que cosas extrañas sucedían en esa zona. Aun así, alquilé el chalet  y decidí  tomar un merecido descanso, aspirando quizás conseguir un poco de inspiración para mi libro de poemas.


Entonces una mañana, mientras me preparaba para tomar una zambullida en el lago, oí una voz.

"Milo Milo ..."

Al principio pensé que era mi imaginación.

"Tal vez es mi imaginación".

Pero había algo en esa voz ... algo bastante intrigante ... algo no humano.

Continue mis tareas, pero mientras me estaba poniendo  mi traje de baño y chanclas, escuché la voz nuevamente ...

"Milo, Milo".

Esa voz me estaba volviendo loco. Tenia que averiguar su origen.

"¿Quién eres tú? ¿Qué quieres de mí? "

Pero solo hubo silencio. Nadie contestó. Pensé que me estaba volviendo loco. Yo estaba en medio de la nada. No había casas o villas, en toda la zona. Bajé las escaleras y busque una toalla.

"Está bien, Milo, no hay nada que temer. Tal vez sólo eres un esquizofrenico, eso es todo. "

Pero luego , justo al marcharme ...

La voz de nuevo.

"Milo, Milo".

La voz no era humana. Yo estaba totalmente seguro de eso. Me sentía como si estuviera al borde de un ataque de nervios.

Entonces, de repente, así nomás, me desmayé. No recuerdo lo que pasó. Lo siguiente que recuerdo era estar en el interior ...

 De una nave alienígena!!!

Bueno, no estoy tan seguro de eso, pero me pareció una.

Me gustaría decir que estaba en paz. Me gustaría decir que practicaba aceptación ante mis circunstancias. Pero eso no era el caso, lo siento.

No voy a mentir.

Soy un gallina.

Estaba en shock. Sentía mi cuerpo paralizado por el miedo. Como si estuviera en una cama de aluminio fria. De esas que usan los cirujanos para las operaciones. La habitación era de forma ovalada. Sin decoración, sin máquinas. Nada. Solo un vacio gris.

 Tenía miedo de lo peor ...

¿Y si quieren violarme?

¿Y si quieren tomar muestras desagradables de mi cuerpo?

¿Qué pasa si me convierto en otro hombre embarazado? (Esta vez, inseminado por un extraterrestre).

Tenia ganas de vomitar el corazón.

Pensé que estaba teniendo un ataque al corazón.

Sentí la cama transformarse. Se estaba convirtiendo en una silla. Tenia el presentimiento que estaba a punto de conocer a mis captores.

"Milo Milo ...."


Y allí estaba ...

La fuente de la voz.

Un extraterrestre gris, flaco, de 4 pies y diez pulgadas de alto.

 Un tipo bajito, calvo y flaco.

Un tercer encuentro del tercer tipo. Humano y alienígena “Face to face”. Cara a cara.

 Llevaba un uniforme azul marino, modernamente ajustado a su cuerpo. Me miraba con ojos penetrantes. Como si supiese todos mis secretos. Su rostro parecía el de un pollo sin desarrollar. Su rostro me recordaba a un feto.

Para nada bien parecido.

No parecía tener una boca. Sólo un pequeño corte horizontal, que supongo yo eran sus labios. Se dirigía a mí mentalmente.  No hablaba. Solo podía oír su voz en mi mente.

"Milo ... hemos visto tu dolor. Hemos visto tu esfuerzo. Hemos visto cómo te han mantenido escribiendo, a pesar de las adversidades. Pero lo más importante Milo hemos leído tus poemas. Y nos hemos conmovido. Nos encantan. Hubo un tiempo en que yo tenía un montón de mierda en mi cabeza, y tus poemas me hicieron sentir como si me conocieras. Me sentí como si estuvieras diciéndome "No te rindas!"

 Tu me salvaste del desastre, Milo. Tengo a "Retreat", "My journey to you" y "Big Bang", enmarcados y colgados en la pared encima de mi cama. En adición a eso, tengo a miloadorno.posterous.com, metaforicosombrero.posterous.com y miloadornoskingdomofwords.posterous.com en la lista de mis paginas de internet favoritas. Los poemas tuyos me han enseñado, el verdadero significado de amar incondicionalmente. "

Estaba en total incredulidad. Mis poemas eran leídos fuera del Planeta Tierra. Yo no sabía que era TAN famoso. Después de todo, solo hace poco alcanze mil fans en Facebook, y mi primer libro ni tan siquiera esta aun publicado.

Pero ahí tenia a un extraterrestre parecido a un feto, que me decía que había leído mis poemas ....

Trate de pronunciar unas palabras ...

"ggggggg gr…grrr gracias "


Sonrió mentalmente ( Es lo que quiero creer, porque no vi ninguna sonrisa debo admitir).


"Milo, La Confederación Galáctica de Escritores de Poemas, quisiera darle, como  regalo por todos sus esfuerzos creativos, una "Acer Aspire One”

Una pequeña computadora para que sus dedos descansen. Para que su imaginación pueda funcionar salvajemente. Así que haga el favor de enviar su teléfono barato a la mierda.”

Trate de ser humilde. Traté de resistir. Ese extraterrestre me estába dando un ordenador como un regalo. No lo podía creer.

Santa Cachucha!


"Mi querido amigo, me siento honrado. Pero esto es demasiado.

Un portátil. Eso cuesta mucho, amigo mío. No puedo aceptar esto. Lo siento."


Él sonrió de nuevo…


Mentalmente.

"Milo, ¿tienes miedo que yo te pida algo a cambio?

 Debes Saber que al dar sin condiciones, el corazón crece. Acepta este mini ordenador Acer sin preguntar cómo pagarme. "


Él se acercó. Casi frente a frente. Como a punto de darme un beso.

"Este es un regalo del universo. Milo. Usted tendrá la oportunidad de hacer algo bueno en el futuro para alguien algún día, pero por ahora acepte el equipo que los cielos le conceden. "


Sentí las lágrimas rodar por mis mejillas.

 Me conmovió.

Me sentí abrumado.

Y ciertamente lo que me dijeron una vez, era cierto.


El universo siempre cuidará de nosotros.


Abracé al extranjero espacial. Y me gustaría pensar que él me abrazó, mentalmente, porque él no se movió.

Lo siguiente que recuerdo, era estar de vuelta en la villa. Sentado frente a mi pequeña computadora nueva. Con el programa de documentos de Word abierto.

Esperando por mí para escribir.

Debido a su tamaño,

Como manera de honrar al amigo alienígena que me la dio,

Y debido a falta de un nombre mejor,

He llamado a mi computadora:


"FETO"


Tengo muchas ganas de tener la oportunidad de hacer algún bien a cambio.


En la ciudad de Nueva York.

El 8 de septiembre de 2010. 

Vida

De amor a dolor,
pasión a  rencor.


¡Todo contigo es cambio bandolera!
¿Cómo quieres que me quede tranquilo?
Me tienes del tingo al tango charlatana,
Sube y baja, todo y nada.

Dame un poquito de espacio,
¡Vida, déjame respirar!

Ahora me quieres y después no.
Es verdad lo que dicen de ti,
lo único seguro contigo es el cambio,
eres siempre cambiante.

A veces sabes a miel
otras a limón,
agria y dulce,
buena y mala,
pero sea lo que seas
eres Vida, así de sencilla: Vida...

Te he disfrutado,
hemos hecho el amor,
celebrado buenos momentos,
sufrido y gozado.

Hemos sido  dichosos
y también desgraciados.
Pero después de todo
te quiero bien.

Loca, bipolar, agresiva,
cruel, bella, agradable,
sensual, amable, impertinente,
cuerda, lógica, estúpida,
lista, tonta, fea, sucia,
linda, bandolera.

¡Vida, eres una bandolera!
¡Pero cuanto te quiero, charlatana!
¡Bella Vida!  ¡Vida bella!

Cambio

Qué difícil superar a Julio Numhauser, chileno,  con su poesía llamada “Todo cambia”, que popularizó Mercedes Sosa y muchos otros interpretes que la han cantado.

No voy a intentar escribir como Julio, pero alguien dijo que veía lejos porque estaba parado en hombros de gigantes. Por eso, al hablar de “cambio”, uso el primer verso del poema citado:

“Cambia, todo cambia”.
Y escribo sobre
Mi México amado.
Cambia. Vaya si cambia.

 

Antes que México tuviera ese nombre, pero cuando ya tenía la mitad, más o menos, de los genes biológicos y culturales – permítaseme la licencia – de lo que ahora es el territorio entre los ríos Suchiate, Usumacinta y Bravo, se habían generado aquí cambios profundos. Uno de ellos afecta todavía a la humanidad: los indios habitantes de las costas del Golfo de México cambiaron al teocintle, una planta silvestre, y lo convirtieron en maíz, que se encuentra entre los tres cereal más importantes del mundo.

Pero en ese territorio hubo transformaciones más rápidas y espectaculares: se edificaron maravillosas ciudades que poco después sus constructores dejaron abandonadas, tal vez por ser símbolo de la opresión que sufrieron quienes las levantaron.

Un islote fue convertido en una de las ciudades más grandes del siglo XVI, casi con el mismo número de habitantes que el París de mil quinientos veintiuno.

La llegada de la otra buena parte de genes biológicos y culturales modificó rápidamente lo que había, matando y destruyendo, pero no acabó con todo. Se inició el mestizaje.

La colonia duró escasos tres cientos años, muy pocos para los que habían vivido los indígenas aquí.

En diez años los Insurgentes volvieron a mudar al ahora sí llamado México. Durante cuarenta o cincuenta años al virreinato lo convirtieron en república, tras abolir la esclavitud y alterar otras cosas. Volvió la monarquía disfrazada de imperio, pero todo cambió cuando el emperador fue fusilado.

Al poco tiempo llegaron nuevos opresores y volvieron a transformar las cosas: los antes esclavos y “encomendados” se trocaron en peones acasillados, durante treinta años solamente. Un veinte de noviembre hace casi cien años el cambio fue violento y repentino, otra vez. Aparecieron los sindicatos y los peones acasillados se convirtieron, muchos, en propietarios colectivos de su tierras ejidales y comunales.

Las mutaciones espectaculares se fueron a dormir, pero sus hermanas pequeñas fueron creciendo y llegó otra época de volteretas. Apenas trancurrieron setenta años y a fines del siglo XX regresó la violencia soterrada que no había muerto: asesinatos políticos, levantamientos militares y ya entrado el siglo XXI una guerra civil disfrazada de lucha al narcotráfico, faltando poco para tener campos de concentración y exterminio de prisioneros. O sin faltar nada para tener cosas similares.

Pero los cambios seguirán ...

 

“Cambia, todo cambia ...

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente” (Julio Numhauser)